Escrito por Montse Dominguez

Este fin de semana, además de los distintos partidos de liga, ha sido noticia en el panorama futbolístico un vídeo donde el famoso futbolista británico David Beckham perdía los papeles tras ser increpado por un escándalo con una prostituta.
Al final ha resultado ser una falsa acusación, pero eso no borra los ríos de tinta que se han vertido sobre el tema, destrozando la moral del jugador. A esto se enfrentan los deportistas famosos (y más los futbolistas) constantemente. Además de la presión de la prensa deportiva, registrando cada movimiento, sufren la de la prensa sensacionalista, atenta a con quién van y qué hacen.
No sólo son deportistas: se han convertido en celebrities que en cuanto salen del vestuario llenan páginas del corazón con fotos robadas y presuntos escándalos. Esto no sólo vende, también perjudica el rendimiento del jugador, que ve cómo la acusación (en ocasiones, falsa) hace bajar su cotización o ensucia la imagen de su club.
¿Hasta qué punto deberíamos juzgar a un futbolista por su vida personal? ¿Es normal que convertirse en jugador de élite signifique exponerse a escándalos y a estar constantemente en el ojo del huracán, aunque no haya pruebas de culpa?
Algunos argumentan que se debe juzgar a los futbolistas por su juego, no por lo que hagan en su tiempo libre, ya que es simple cotilleo aprovechando su fama. Otros responden que parte de su papel como estrellas es formar parte del circo mediático, es algo inevitable.
¿Vosotros qué creéis? ¿Los escándalos del fútbol deberían ser sólo eso, fútbol, o es normal que los medios quieran indagar en las vidas de los jugadores? ¿Los medios deberían tener más cuidado con lo que publican, o son los jugadores los que deben resignarse?











